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Porsche 911 Carrera 4S, un recorrido de más de mil km en Canadá

La Porsche Travel Experience en la Columbia Británica es algo que vale la pena vivir y compartir

Porsche 911 Carrera 4S, un recorrido de más de mil km en Canadá

El Porsche 911 es indiscutiblemente el mejor deportivo de la historia, cierto hay otros grandes iconos en la industria, solo por mencionar tan solo algunos; el Chevrolet Corvette, Ford Mustang, VW Golf GTI, Mazda MX-5, sin olvidarnos de las exóticas leyendas como el Ferrari F40 por poner solo un ejemplo.

Pero la historia del 911, el cómo ha logrado evolucionar sin perder su esencia original, su pedigrí o su versatilidad en donde puede ser un excelente GT como es el caso del Carrera o bien, un tremendo y radical auto para circuito como el GT3, entre muchos otros factores, lo ubican en la primera posición que comentaba.

Todos queremos un Porsche 911, privilegio que está reservado para unos cuantos, por eso, cuando la marca te habla y te invita a una Porsche Travel Experience a manejarlo, simplemente no te puedes negar, ¿por qué querrías hacerlo? Y mejor aún, si se trata de en una ruta de más de mil km en cuatro días, en donde además están garantizados los mejores paisajes naturales y carreteras con curvas perfectamente bien trazadas.

Oye, pero la invitación es para manejar el 911 Carrera 4S de la generación 992, ninguna novedad a estas alturas ciertamente, y aun así, suena a que será una experiencia memorable.

La Travel Experience en la Columbia Británica, Canadá inicia en la ciudad de Vancouver y quizá los únicos momentos que se disfrutan menos de toda la ruta es justo cuando entras y sales de la concurrida urbe.

Una vez en la carretera, comienza la diversión, el B6 de 3.0 litros con 450 hp y 390 lb-pie de torque en el papel no parece tan poderoso como muchos otros deportivos, pero el 911 hace magia con esos niveles de potencia y créeme cuando te digo que necesitarás bastantes más caballos de fuerza en otro deportivo para seguirle el paso.

Unos cuantos kilómetros son suficientes para recordar cuan especial es el 911 Carrera 4S, con un balance perfecto entre deportividad y confort, los 4 días de ruta que se avecinan no parecen problema alguno, quizá únicamente por el hecho de que el espacio de carga es limitado, apenas cabe una de las maletas de los ocupantes, nada grave porque las diminutas plazas traseras cargan con los elementos faltantes.

Una de las grandes virtudes de la Porsche Travel Experience es el hecho de que en todo momento llevas de líder a un piloto certificado de la marca, esto ayuda a los conductores menos experimentados a trazar cada curva como es debido, y a poder llevar ritmos muy divertidos sin cometer irresponsabilidades.

La primera parada en Squamish, un mirador al que se accede a través de un empinado y elevadísimo teleférico, cuando envío la foto de la vista en la parte alta a mi esposa me responde, se parece a esa escena del folleto de la película de los Simpson y es cierto, la vista es espectacular, parece de película. Seguimos el camino hacia Whistler, famosa por ser uno de los centros de esquí más importantes de Norte América, solo qué para nuestra suerte, en este momento todo es verde y soleado.

El 911 impresiona por su precisión, agarre y capacidad de aceleración, pero más aún por lo sólido que se planta y su aparente interminable capacidad de frenado, si a lo anterior le sumas una transmisión rapidísima y efectiva, entiendes un poco más por qué es el mejor deportivo del mundo. Evidentemente esta caja no está hecha para labores de trabajo (cargar o arrastre), pero si se trata de manejar y aprovechar cada libra del par motor, ninguna transmisión es mejor que la PDK.

Luego de una larga jornada de manejo, el día termina en una cena de primer nivel en un hotel de categoría superior.

Día 2, el más demandante, muchas horas tras el volante, aunque la ruta está planeada para no agotar demasiado a los participantes y hay varias paradas programadas para disfrutar de increíbles paisajes, comer y relajarse, fueron tantas incluso, que en algún momento ya me urgía regresar al 911 y seguir manejando, aunque debo admitir, sí es extenuante y al final del día se agradece llegar a un buen hotel que cuenta con un multipremiado spa.

Día 3, iniciamos un poco más tarde y la agenda indica que recorreremos menos kilómetros que el día anterior, pero eso no significa que el día sería más corto, ya que nos esperaba una de las mejores carreteras con curvas que haya visto jamás, al lado izquierdo un inmenso lago, una carretera de ida y vuelta más sinuosa que las de los días previos, en donde para seguir el ritmo del grupo, hay que aprovechar cada una de las oportunidades de rebase conforme se presentan, incluso es necesario crearlas, algo no tan complicado dada la capacidad de aceleración del 911 Carrera 4S.

La parada de medio día es en un hangar, porque hay que volar helicóptero hacia un viñedo al otro lado del lago en donde tendremos un magnífico lunch. Una vez terminado, hay que volver a volar para regresar en donde nos esperan nuestros 911.

La segunda parte de la ruta nos obliga a transitar carreteras algo más concurridas, pero la diversión no cesa, el 911 puede moverse entre los demás vehículos con increíble facilidad, nada parece poder seguirnos el paso, incluso miembros de la caravana a bordo de Cayenne S que no es ninguna torta, no les quedaba de otra que ver cómo nos alejábamos.

Poco antes de nuestro destino, la zona de Kelowna nos aguardaba con sus interminables campos de cultivo de vides, no sé si tú estabas al tanto, pero la Columbia Británica es una zona vinícola bien grande, algo que al menos yo, dada la longitud a la que está ubicada la región, jamás habría pensado que existiera. En el transcurso del viaje, y evidentemente sin prueba de manejo por delante, probamos algunos vinos de la zona, y debo decir que al menos un par me sorprendieron gratamente.

Nuevamente, al finalizar el día, una cena de gran nivel en donde no haces otra cosa, que comentar con los demás participantes sobre las impresiones de un gran día.

El último día, de vuelta hacia Vancouver y amanece algo nublado, cosa que no había sucedido en los días previos, sin temor a equivocarme, el día menos memorable de todos, primero porque empiezas a caer en cuenta, que la aventura está por terminar, y en segunda instancia, porque es necesario entrar de nueva cuenta al tránsito citadino de Vancouver. Aun así, el día está lleno de adrenalina por las carreteras y muchos kilómetros a bordo del 911. Toda una delicia que vale la pena vivir.

Resulta además que se trata de una oportunidad abierta para cualquiera, puesto que para asistir a una Porsche Experience no es necesario ser propietario de un vehículo de la marca, basta con ingresar a la página de internet, revisar disponibilidad de fechas y hacer el pago para garantizar un espacio, además de eso, hay que llegar al lugar claro está. Hay experiencias como esta en diferentes partes del mundo, en la misma Canadá están disponibles; la Ice Experience y otra Travel Experience en Nueva Escocia, pero también se puede hacer algo similar en la Toscana Italiana o en Suiza por poner algunos ejemplos.

Ese de la Toscana se me antoja muchísimo, esperemos que se me haga.

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